Revista Grao

"Las Navidades ya están aqui"



Queridos amigos (todos, unos y otras). No se si alguno de vosotros se habrá dado cuenta de mi ausencia durante estos meses. Si así ha sido, gracias por el recuerdo y por vuestra benevolencia y consideración. Es de agradecer.


Debo aclararos que desde el último trabajo emitido con motivo de la presentación del libro, el cuarto, "Grao Siglo XX", además de las vacaciones veraniegas, he pasado muchas horas digitalizando muchos y nuevos clichés, negativos, con destino a próximos envíos, relativos a viajes por distintas latitudes, naturalmente viajes personales por quien esto firma, los que en su momento, espero sean de vuestro agrado.


Hoy quiero mandaros esta felicitación Navideña, a todos vosotros, con esta muestra fotográfica, propia y original, como todas las que hasta ahora han ilustrado mis trabajos. Cámara analógica y en blanco y negro, como a mi personalmente, me ha gustado y me gusta la fotografía.


Cincuenta y un año nos separan y, en este tiempo, podreis apreciar la gran diferencia que ha supuesto nuestro Castellón.


Muchos de vosotros, la gran mayoría, aún no estabais ni en proyecto, pero para quienes aun están en la misma estela que quien suscribe, se alegrarán de poder rememorarlo y ver su gran diferencia.


Muchas felicidades por estas Navidades y para el año venidero...armarnos de paciencia y deseos fervorosos de que todos, cada uno desde su puesto, colaboremos, solo con honestidad; creo que no sería pedir demasiado.


eSeferrer

Texto y fotografía, originales de Sergio Ferrer de Almenara

Grao Siglo XX - Presentación.-


El viernes dia 8, a las 19 horas, en el Museu de la Mar del Grao de Castellón, tuvo lugar la presentación del libro "Grao Siglo XX", cuarto en la lista de producción de quien esto les escribe, libro muy esperado por la serie de vicisitudes que tuvo que sufrir, desde fines del año 2006, en que se termino y comenzó su periplo por mesas y manos, hasta aterrizar en las de Marta Senent Ramos, Directora de la Editorial ACER, que haciendo gala de su magnífico ímpetu y fuerza muy a tenor con su gran carácter, hizo patente aquel aforismo de que "Hace más el que quiere, que el que puede".

El tercer título "¿Desde cuando en el Grao?" fué un libro dedicado a buscar entre los papeles, los orígenes del primer pescador en el Grao, o lo que es igual en Castellón, pues ya sabemos que el Grao, documentalmente no aparece hasta el año 1865, con un censo de 428 habitantes, y anteriormente había que buscar en la Parroquia de Santo Tomás, en Castellón. Es este libro una serie de censos, libros de impuestos, relaciones vecinales, cada una situada en su época, que comienza con el documento fechado en 1398, con Pere Ferrando - Pescador y finaliza en el censo del Grao de Castellón de 1940, con Manuel Zarzoso Fortea. Es un libro apto para construir o investigar relaciones genealógicas, buscar antecesores o determinadas ramas de una familia. Para eso bien, ahora, como entretenimiento, como pasatiempo, que distraiga, pues no. Para esos menesteres yo lo considero "un peñazo". Por ello, cuando pensé en un cuarto libro, lo primero que pensé en muchas de esas personas conocidas, sus formas de ser y pensar, quienes gustan y necesitan de libros que puedan leer sin mayores preocupaciones, lo que a mi se me ocurre llamar "libros blancos", que no tienen capítulos demasiado largos y se puedan dejar sin problemas de interrupción. Hecho a mi estilo, gusto y manera y sabiendo que hay cantidad de frases o párrafos que otros, con más y mejor formación que la mía, los podían mejorar, pero a mi me gustan los retos y asumo todos los riesgos. Si gusta es mío, solamente mío. Si no gusta, colmo puede suceder, la responsabilidad solo es mía. Libros que hablen de hechos, situaciones, lugares y personajes conocidos; que no haya necesidad de construir ningún escenario y que cuando hablen de "fulano" o de "mengano", sepan como y quien era o es ese personaje. En una palabra simplificarle el gusto de la lectura.


Tenemos hechos, sucedidos, anécdotas algunas oidas, otras contadas, otras entrevistadas y las más vividas directamente, producto de todos estos muchos, más de ochenta años, viviendo y pateando este bendito Grao que nos vio nacer y que sabe que más cosas verá. Desde los problemas que ya se tenían en el siglo XIV, por la pesca, precio de la misma, conservación, abastecimiento de pescado en fechas muy especiales, asi como las "batallas" entre los Batles de Valencia y Castellón por las licencias de transporte de materias peligrosas, hasta todas las aventuras sufridas por concretos y determinados habitantes del Grao, desde primeros de siglo, siguiendo por hechos del Rey D. Alfonso XIII, nuestra guerra civil, post guerra, miseria y penares de los años 40 y 50, hasta llegar a la actualidad, bajo un punto de vista, muy personal, pero, a Dios gracias, sin influencia ni mixtificaciones, llamando al pan, pan y al vino, vino.


Deseo que todos aquellos que lo puedan leer, que lleguen hasta el final, que vean solamente el motivo, que la causa de este trabajo, no ha sido otro, más que el dejar constancia escrita de unos hechos ocurridos, sucedidos en el Siglo XX, con unas maneras y forma de vida, de un pueblo que apostó, contra viento y marea y contra muchas adversidades, a veces no meteorologicas ni epidémicas, para que, ni se detuviese ni entretuviera su camino hacia el progreso.


Por todo ello y a la espera de su veredicto, una vez hayan tomado posesión de sus páginas pido perdón por este atrevimiento, al que no me he podido resistir, ya que me pareció, desde el primer momento, eso, UN RETO.

Fotos de Vicente y Patricio Ferrer

Derechos reservados

Sergio Ferrer de Almenara.-

El A, B, C, de la Casa de Baños - 2011

Hoy en Abril del 2011, hoy en que ya es un sueño, un recuerdo para muchos de los jóvenes que nos vienen recogiendo el testigo, en la carrera de relevos de la vida, repito, es un sueño que en cierta ocasión en la playa del Pinar hubo una casa de Baños, que fué la que ocasionó la desaparición de las casetas de madera que sirvieron de descanso y veraneo durante mucho tiempo, si, mucho antes de la guerra, (hasta el año 1968) a la gente modesta y trabajadora de Castellón, hay que proseguir con la narración de los hechos que originaron y condujeron a la creación y aparición en Castellón del proyecto Costa de Azahar; y lo haremos como se hace en los cuentos.

Érase una vez…, allá por los años cincuenta y…pocos, que un buen día apareció en Castellón, un caballero llegado de tierras capitalinas, Madrid concretamente; decidido, emprendedor, dicharachero y con un proyecto bajo el brazo, que iba a cambiar por completo los modos y maneras de vivir de la sociedad castellonense.

Se instaló en un primer piso de la plaza Huerto de Sogueros, frente a la antigua Delegación de Hacienda y allí montó su cuartel general. Persona de buen comer, mejor beber, y amante de la buena música (allí escuché por vez primera el concierto para dos trompetas, de Vivaldi. Precioso de verdad), ya traía contactos y enlaces con las más altas personalidades, civiles, militares y eclesiásticas, de tal forma que, de la noche a la mañana, se introdujo en todas las esferas de la sociedad castellonense, o sea como se dice a veces, “el todo Castellón”. Su nombre: Don Ángel Pérez de Leza.


Hasta entonces conocíamos, la Costa Brava, la Costa Blanca, la Costa Dorada, la Costa Azul, la Costa del Sol, y otras costas, pero, en nuestra ciudad y por supuesto en el Grao, solo teníamos la playa del Pinar y la playa del Serrallo. Y pare usted de contar. Ah! también teníamos un pinar que era una delicia, pero eso no era suficiente. Se tenía que encontrar un nombre sugestivo, llamativo, que atrajese a la gente y convirtiese estas playas asilvestradas en un emporio para el turismo.

“Hoy, los tiempos adelantan que es una barbaridad”, según palabras de D. Hilarión, y se tenía que subir al tren del progreso, para no quedar rezagados. Renovarse o morir; y ¿quien mejor que D. Angel?. Nadie.

“Señoras y señores, tengo el gusto de presentarles mi proyecto de urbanización para Castellón: He aquí “La Costa de Azahar”

Maqueta del proyecto de urbanización con el campo de golf, playa con casa de baños, apartamentos Welt-Ring (los primeros que se hicieron en la playa), y el Hotel del Golf (Las casetas de baño deben desaparecer, ya que no armonizan con el entorno).

Las relaciones del Sr. Pérez de Leza con nuestras autoridades, fueron como una seda y una participación completa en la vida ciudadana. No había evento en que dicho señor no fuese invitado y estuviese presenta en cuantos acontecimientos sociales se celebrasen. Las obras tuvieron su normal desarrollo, y se llegó al fin con las inauguraciones del Hotel del Golf, de la casa de baños, de los Apartamentos Welt-Ring, del club y campo de golf. Con esto se terminaba el proyecto y comenzaba la realidad de la Costa de Azahar.


Estuvimos unos años conviviendo, las casetas de baño de toda la vida, con la emblemática Casa de baños, hasta que llegado el mes de setiembre del año 1968, no fue una máquina la que hizo desaparecer las casetas, fue un “ordeno, mando y quiero que se cumpla”, lo que realizó tal proeza.

Con la explotación y administración (hasta que fue traspasado a Dª Vicenta Calvet), ya les esbocé algo en un artículo anterior. Ni con la supervisión del Director del Hotel, ni con la contratación de camareras Bilbaínas, ni con la supervisión personal de un hijo del Sr. Pérez de Leza; el carro no iba de ninguna forma. Fue lamentable los medios empleados para darle la exclusiva, ya que la política adoptada para su explotación, necesitaba de sector de público más adinerado o más dispuesto que el corriente de Castellón, con posibles pero, ya nos conocemos, más conservador. La casa de baños nunca pudo suplir todo aquello que había desaparecido con las añoradas casetas.
En el artículo anterior ya les contaba la anécdota de las ensaladas, y hoy no quiero ser menos para contarles una treta, vivida “in person”, quien y como era D. Ángel, para conseguir sus metas.

El día que había que mostrarle la maqueta a las autoridades, con todo boato y solemnidad; entre ellos, había uno que era un aficionado a los toros, de los que no se perdía ni corrida, ni becerrada, ni capea que se celebrase donde fuese. Habiéndose enterado el Sr. Pérez de Leza de esta afición, cogió al maquetista y señalando un punto determinado en el panel, junto a la fábrica de abonos químicos (Industrias Químicas Canarias), propiedad de la familia Noguera, de Valencia, le dijo:

“Ahí me pones un redondelito, me pintas una bandera española y me pones un letrero que diga Venta España. Yo le cuento, que esto va a ser un tentadero y así lo convencemos mejor” (Estas dos últimas palabras aunque significan lo mismo, no son, precisamente, las que se dijeron, pero por respeto y consideración a los lectores he preferido cambiarlas).

Esta es otra de las muchas facetas que forman parte de la vida del Grao y por ende de Castellón. El tiempo siempre pone las cosas en su sitio y ahora añoramos aquella playa del pinar llena de dunas, en que las aves migratorias podían anidar, al mismo tiempo que los vecinos de Castellón gozar de las limpias playas, según declaraciones y opiniones de lectores de la revista “GRau” (nº2, pag. 3), dicho sea de paso, terrenos que fueron vendidos al precio de 0,25 céntimos de peseta (un real o quinset) el palmo.

Algo más sobre nuestra historia, ya saben y conocen. Además pueden ver en que estado estábamos hace más de 50 años. Así es que…a pensar y esperemos otro empujoncito para seguir con las crónicas.-

Texto y fotos de: Sergio Ferrer de Almenara
Reservados todos los derechos

Las Acequias en el término de Castellón - 2

Dejamos el capítulo anterior, relatando el camino sequido por la acequia de La Plana, recibiendo la ayuda fluvial de la acequia la Fileta, una vez ésta se refuerza con las aguas de la acequia de la Mota,vertiendo las aguas como la cuarta acequia de éste término.


La acequia Entrilles nace al final de la partida de Taxida, y es linde entre las partidas de Entrilles y Rafalafena; es la quinta por orden de norte a sur y ésta se ve influenciada en su cauce por la fileta Mangraners, la fileta Bandolers y Vilanova, hasta mitad de su recorrido, y hacia el final junto al camino del Serradal, se le unen la suma de las acequias de Rafalafena y la Catalana para una vez, atravesado el Pinar, la zona residencial y el paseo marítimo, deslizar su último suspiro en las arenas de la playa del Pinar.




Van ahora en sexto lugar, las dos acequias principales del Grao; la formada por las de Patos, de la Torre, y Durá, que conforman la del “Común de la Sal”, y las otras tres Censal, Borrasa y Mixtos, que unidas reciben el nombre del “Común de la Torre”.
"Las dos Golas mencionadas, son acequias por las que discurren aguas sobrantes de riegos, procedentes del río Mijares, (la del "Común de la Torre", que atraviesa la calle de Churruca), y la del "Común de la Sal" que desagua las aguas sobrantes y de desecación de terrenos pantanosos conocidos en la localidad con el nombre de marjales, que atraviesa la calle de Canalejas. Las dos desaguaban dentro del Puerto; para evitar aterramientos en éste, por razones de economía y por no establecer dentro de la zona de aquel la servidumbre consiguiente a la conservación de las dos acequias, fue indispensable proyectar su desviación para que desaguasen fuera del puerto, lo cual se consiguió uniendo las dos golas dentro de los terrenos del Estado, terraplenados por la Junta, prolongar en el mar 82 metros lineales de dicha unión dándoles salida a 68 metros del origen del dique de Poniente. El trozo que une las dos Golas tiene una longitud de 50 metros y pendiente de 6 milímetros por metro". El proyecto de la obra de desagüe fuera del Puerto de las Golas "De la Torre" y del "Común de la Sal", por un importe total de pesetas 88.837,--, se aprobó el día 25 de junio de 1909.


Viene seguidamente la séptima, en la partida que le da su nombre, la de Almalafa; reforzada por las aguas de la acequia Fábrega, a la que inmediatamente le sigue la Bellet como octava y la de Vinatxell, novena, ambas en la partida de Vinatxell, más al sur, todas ellas en terrenos anteriores a la Central Térmica y a la Refinería.


Como la décima y junto a la Central Térmica, dentro de la misma partida que las anteriores, está la escorrentía de Miralles; a ésta debo añadir la escorredera de Querol y la fila de Fadrell, que nacen y mueren en esta misma partida dentro de los terrenos de la Refinería.


Ya como oncena y última, hay que señalar la acequia del Arbre o Mitjera, acequia que nace en la partida de Fadrell, junto al camí de Tormos, y siguiendo su curso normal al Este, bordea la línea divisoria con Almassora, y al pasar junto a la Refinería, saluda a su eterna amiga la Font de la Barrassota, o Barasota, o Barlasota o Rabasola, o Barlaçota, ya que por lo menos por estos cinco nombres, si no es que ha habido alguno más, ha sido conocida en sus diferentes denominaciones a través de los tiempos, continuando hasta llegar al mar en la playa del Serrallo.


stas acequias que hemos conocido con una limpieza exquisita. Estas acequias que hemos disfrutado, no solamente nosotros sino nuestros antepasados, a quienes facilitaron la forma y manera de poder trabajar y dar auge a todos sus esfuerzos, que movieron molinos y maquinaria, que lavaron el cáñamo para los sogueros o “filaors”, acequias que previamente habían permitido su cultivo, y tantas bondades nos han facilitado en el curso de la historia, hoy las vemos en un estado que da, no pena, sino vergüenza, al ver el mal estado de conservación en que se encuentran y el lamentable estado higiénico que presentan, que no es aventurado asegurar que ya se ha llegado al final de la historia de la marjalería, en vista de de la ingente cantidad de casas, masets, villas, alquerias que se ha llegado a edificar en toda la Plana, con la anarquía en su construcción, falta de infraestructuras, servicios, higiene y todos los problemas de esta índole que se quieran añadir; ahora bien, de todas nuestras autoridades, desde hace muchos lustros y del color político que se quiera “quien se atreve a ponerle el cascabel al gato? (Léase el valor de los votos).

Esto es el precio que tenemos que pagar, y nuestra contribución al progreso. Y me atrevo a hacer esta pregunta ¿Valió la pena?.
Cada uno que responda per sé.
Planos Policía Rural de Castellón
Sergio Ferrer de Almenara


Las Acequias en el término de Castellón - 1

ACEQUIA.- Del árabe as-saqiya, la que da de beber, la reguera.

Zanja o canal por donde se conducen las aguas para regar y para otros fines.

Desde siempre, el término de Castellón, en su vertiente del litoral, que hoy podemos contemplar saturado de edificaciones más o menos vistosas, construidas por toda la marjalería, rodeados de caminos y acequias, ha sido lugar de humedales, que en el siglo XIII comenzaron los labradores Castellonenses a cultivar el arroz, que les producía pingües beneficios, pero fatales consecuencias para su salud corporal.

Alfonso II, Pedro II, y otros monarcas, hasta el año 1530, dictaron disposiciones más o menos severas, para atajar el mal de fiebres palúdicas que diezmaban el vecindario de Castellón, por dichos arrozales, hasta llegar a prohibir en absoluto el insalubre cultivo, dadas las mortales condiciones de trabajo, ocasionadas por las picaduras de los mosquitos que tenían su hábitat en este tipo de labranza, y a partir de entonces, reestructurar un nuevo y próspero cultivo, en los terrenos del "Lluent" del Grao. Desde esta fecha, se convierten estos terrenos en un nuevo cultivo alternativo. El cáñamo.

En la crónica manuscrita por Josef Llorens de Clavell, dice: "En el Grao o Playa del Mar, hay una Torre y muchas barracas en las que se recogen los pescadores; hay asimismo, casas o almacenes para Sal y Cebada, y otro mayor, para Cáñamo que se compra en dicha Villa para el Rey; que es de Don Félix Tirado, de donde se conducen de muchos años a esta parte treinta y seis mil o cuarenta mil arrobas, a las fábricas de Cartagena, Ferrol, Santander y otras, por tener bien experimentado que es el de mejor calidad y más fuerte que se recoge en España." ("Revista de Castellón", 15/9/1914).

Debido a la mejor calidad y cantidad del cáñamo que se conseguía en el “lluent del Grau”, además de las miles de arrobas destinadas a la exportación, como se detalla en el párrafo anterior, en el Grao había dos industriales “filaors” dedicados a la elaboración artesanal del cáñamo, orientados mayoritariamente a la industria pesquera, “cordes, cordells, y llanses per a palangres”. Uno estaba situado en el lugar conocido por “El Palmeral”, en la parte norte del Grao, junto a la vía del ferrocarril de la pedrera, en el camino del Serradal; y el otro, (para el primer lavado del cáñamo, recién cortado) estaba instalado junto a la acequia del Común de la Sal, al lado “dels llavaors”, acequia que atravesando el Grao desde la Partida de Patos, corre paralela junto al muro de la panderola, e iba a desembocar frente a lo que hoy es el Hotel Turcosa, que luego quedó dentro del puerto. Uno de ellos, fue Vicente Peris Trilles.

Asimismo esta producción de cáñamo, que es el de mejor calidad y más fuerte que se recoge en España, abastecía igualmente al Gremio de Sogueros de Castellón, (Gremio que se fundó en el siglo XV, y desapareció alrededor de los años 1940 (?), para la industria antes mencionada, y que, además de los géneros citados, vendía cáñamo a granel y trenzado para la fabricación de alpargatas, industria ésta que en los años de la primera guerra mundial, 1914 – 1916, representó una gran fuente de ingresos para los alpargateros castellonenses, por su abastecimiento de este calzado para las tropas europeas en enormes cantidades, en el citado conflicto.
Estos humedales estaban abastecidos por las diferentes acequias que recorren nuestro término, procedentes de manantiales (ullals) de agua potable, que de siempre hemos disfrutado, mientras no se ha hecho un uso indiscriminado y sin control, en la perforación de pozos, que a partir de los años cincuenta se llevó a cabo por toda la marjalería, lo que ha llevado a la desaparición de los manantiales y por ende de las acequias.

Las acequias a las que me refiero, existentes hasta los años sesenta, eran unas corrientes de agua limpia, clara, llenas de vegetación y vida animal, que se utilizaban, sin ningún inconveniente ni impedimento, para el riego de las marjales y para el disfrute de los marjaleros, tomando el baño en sus aguas, en los calurosos días del verano.

En ellas encontrábamos diversas especies de peces, como “llises, samarucs y burrets”, anguilas, tortugas, “renocs, granotes y gripaus”; gamba (que se utilizaba como cebo para pesca con caña, así como para los palangres pequeños), “petxinots”, y alguno que otro más. Respecto a la flora estaba representada por los “llixons, corretjola, joncs, bova, cales y lliris, senill y canyars”; de la familia de los insectos “torerets, pixavins de la fava rotja, femelletes, parots lletjos, carboners i altres”, que daban una sensación de vida y frescor, y junto con las frutas y hortalizas de cualquier índole que en ellas se trabajaban y conseguían, por las magníficas condiciones de temperatura y clima, era la envidia de cuantos foráneos nos visitaban.

Todo este esplendor huertano duró hasta los años sesenta, y la llegada de una nueva y formidable cosecha. El Algodón.

No se quien debió ser el iniciador e instigador del cambio de cultivo, pues fue casi por unanimidad los que pasaron de las frutas y hortalizas al nuevo y milagroso descubrimiento, que el tiempo demostró que fue nocivo y fugaz.

El primer año, que la tierra aún estaba acondicionada, dio una cosecha que, francamente, fue del agrado de todos, hasta que llego el momento, luego de recolectado el copo de algodón, quedó por recoger el resto de la planta. Esta planta, con el paso de los días se fue secando y fueron apareciendo unas orugas, las cuales, al principio nadie sabía de donde salían, pero en pocos días se dieron cuenta que procedían del interior de las cañas secas de la planta del algodón, en cantidades enormes hasta el punto de considerarlo una plaga, a la que en principio no se le podía hacer frente con los productos fitosanitarios normales. Hechas una serie de ensayos con productos varios, solamente se pudieron atacar con un insecticida a base de D.D.T. Así lo hicieron y efectivamente, al cabo de un corto tiempo, acabaron, no solamente con la plaga de las orugas del algodón, sino con todos los animales y plantas que hasta entonces habían poblado las acequias de la plana.

Las acequias del término de Castellón que desembocan en el mar, son, en orden de norte a sur, las de: L’Obra, Senillar o Canyaret, Travesera, Riu Sec, la Plana, Entrilles, Patos y Catalana, Almalafa, Bellet, Vinatxell, Miralles y Arbre o Mitjera.

La acequia de “l’Obra” es la primera, si contamos a partir del término de Benicassim. Esta acequia, que nace en el Molí la Font, recorre la partida de Bovar, siendo linde con la partida de la Font y desemboca en la playa, en el lugar que hace años estaba el destacamento de la Guardia Civil, conocido como la Casota de l’Obra.


A esta acequia afluyen, la acequia Mayor, que naciendo en el Azud del río Mijares, en Almassora, sigue por vía subterránea, hasta el Barranquet en la misma localidad, donde sale a la superficie y desde allí en el sur de la ciudad de Castellón, penetra en esta localidad por la avenida de Casalduch; sigue por las plazas de Fadrell y Borrull, continúa por la calle Gobernador, saliendo hacia el norte camino del Molí del Romeral, en la partida de Canet, y siguiendo hacia el este por la parte norte de la ermita de Sant Roc de Canet, llega a la partida de Coscollosa; allí se postra a los pies de Sant Francesc de la Font, y atravesando los terrenos de esta partida, la de la Font, sigue hacia el este, bien pegadita al linde con el término de Benicassim, estableciendo la conocida “Ratlla”, hasta que llega a la Avda. Ferrandis Salvador, y sin atreverse a cruzar la misma, hace un giro de 90 grados hacia el sur, para a quizás a menos de un centenar de metros antes de la desembocadura, unirse a la acequia de l’Obra y verter sus aguas en el mar. Hay una versión popular que sostiene que la acequia Mayor, tiene su fin en el Molí de la Font; ahora bien los datos de que dispongo están sacados del “Plano General.- Término de Castellón.- Partidas, fechado en Agosto del año 2002”, en la que se aprecia, sin ninguna duda, la trayectoria y la denominación de la repetida acequia Mayor.
Otra de las acequias que afluyen al l’Obra, es la Carrerasa del Bovar, que es el linde de esta partida con la de la Molinera; Molinera que se llama también otra de las acequias que vierten sus aguas en l’Obra, y por último un ramal de la acequia del Senillar.


La segunda acequia es la llamada del Senillar o Canyaret , que además de fluir aguas en la acequia antes citada, tiene suficiente importancia, como para constituir una con entidad propia.


La tercera es la Travessera, acequia que ella sola sin ayuda alguna, desde el Racó de Ramell, recorre su cauce pegada al camino de la Travessera, de quien recibe su nombre y, posteriormente sigue junto al Riu Sec, donde juntos desembocan mansamente en las aguas azules del Mediterráneo.



En la partida del Bovalar y al pié del Pantano, nace el Riu Sec, cauce éste generalmente seco, como su nombre pregona, pero agitado y violento en algunas ocasiones; sirviendo de linde con la partida de Marrada y tomando contacto con la Capital, junto al Cementerio y, siguiendo dirección este, se cruza en primera instancia con la acequia Mayor, y posteriormente, linda con las partidas de Canet, Ramell y Racó de Ramell, Brunella, la Mota y finalmente la Travessera para, como antes comentaba, llegar hasta la playa junto a la acequia de este último nombre.

La Plana, aparece junto al camino del mismo nombre, a mitad del término así llamado, recibiendo la ayuda fluvial de la acequia la Fileta, una vez ésta se refuerza con las aguas de la acequia de la Mota, circulando estas dos corrientes junto a los caminos de idéntica denominación, para una vez unidos a la Plana, verter las aguas como la cuarta acequia de éste término.


Aqui cortamos la narración de hoy, para no hacerla demasiado pesada y para que tengan la oportunidad de ver las restantes acequias del litoral castellonense.

Les esperamos en breve.-
Sergio Ferrer de Almenara, se reserva todos los derechos, como siempre.

1937 - 1938 - LOS REFUGIOS

A raíz de unas conversaciones mantenidas sobre el tema de los refugios antiaéreos, en Castellón, sobre las posibilidades o no, de poder habilitar alguno o parte de cualquiera de ellos, después de una restauración, acondicionamiento y puesta a punto, para que sirviese de conocimiento, para las generaciones actuales y venideras, de que forma y en que manera se tuvo que vivir y soportar aquellos años comprendidos entre 1936 y 1939.

Este inicio, dio pie para tratar otros temas vinculados al inicial, cuando ya nos dimos cuenta de que habíamos derivado hacia otros argumentos y de ellos salían acciones y personajes que creo que merecen ser reseñados con la mejor disposición y detalle, pues de eso se trata, ya que aun estamos en disposición de recordar hechos y nombres que avalen nuestros “cuentos”.

Lógicamente, al hablar de los refugios en nuestras calles, comentamos lo que supuso en su día, la cantidad de refugios antiaéreos que se construyeron en nuestra ciudad, unos públicos y otros privados y que aún hoy en día, continúan, no digo yo que “habitables”, pero si controlados, clasificados y localizados por los servicios municipales.

Hay que hacer constar que, estos relatos y estas vivencias, están procesadas por las experiencias y sensaciones de un niño que, en aquel momento, tenía ocho años y de ahí, que no se quiera sacar otras conclusiones, que no sean las adecuadas a una persona en esa etapa de su vida.
Pues bien, en uno de estos refugios, fue donde tuve que pasar el cambio de ser Zona Republicana a Zona de Franco, los días 12, 13 y 14 de junio del año 1938, más las diversas ocasiones que por las visitas de los aviones Junkers o Saboyas (alemanes o italianos procedentes de las islas Baleares) venían a nuestra ciudad o alrededores a bombardear los “objetivos militares” o bien cuando no, eran los barcos de guerra los que desde alta mar nos enviaban andanadas de proyectiles con los fines determinados.

Este refugio está ubicado en la calle, entonces de Pi y Margall y posteriormente y en la actualidad calle de la Trinidad, en el número 108; era propiedad del “Chato del Querido” (creo que se apellidaba Gómez) y habitaba la planta baja. El refugio tenía una de las entradas, en el mismo zaguán, de la puerta de la calle, y en la construcción del mismo colaboramos todos los vecinos del barrio que posteriormente tuvimos acceso al mismo, cada uno según sus posibilidades; quien picando con pico y escarpe, quien recogiendo con la pala, quien, como el que suscribe, subiendo capazos de tierra más bien pequeños, debido a la edad pero todo el mundo trabajando bajo la supervisión de quien, por sus conocimientos y jerarquía, así lo ejercía.

Vienen a mi memoria, varias de las familias vecinas que pasamos esa temporada conviviendo y los estoy recordando con toda claridad y entre otros, estaban:

Joaquín Cumba Badenes, dependiente de la tienda de tejidos de Cristóbal Valls.
Luis Bellés Ariño y Clotilde Beltrán, en una Agencia de Aduanas del Grao.
Enrique Marmaneu y Juana Abarca, zapatero remendón y encargado del mantenimiento de las botas de los jugadores del C.D. Castellón.
D. David Martí, de Morella, maestro, que estaba manco, y que por aquellas fechas tan ajetreadas en que ya no había ni escuela, nos daba clases “gratis et amore” a los chiquillos de la vecindad, y de quien recuerdo su caligrafía tan perfecta que tenía a pesar de su desgracia.
Federico, el tendero de “Ultramarinos y coloniales” (?), mucho letrero y pocas existencias.-
La familia Beltrán Arnau,
el sastre Pinto,
D. Salvador Mayor, agente de “Mac Andrews”, consignatarios de buques, Londres, etc.

Esos días, que tuvimos que estar metidos en el refugio, dados los movimientos de ataque y contraataque, por parte de uno y otro bando, que no permitían el asomar ni tan siquiera la nariz a la boca del refugio y que de cuando en cuando algún atrevido nos decía:

-“Ahora todo está en silencio”, o bien
-“Por la acequia mayor se oyen “pacos” (tiros)

En esos días y noches que allí pasamos, juntos, hacinados, en silencio, tensos como cuerdas de guitarra, haciendo “Chssssst” si alguno de los bastantes niños que allí había, lloraba por cualquier causa o simplemente por hambre; mal comiendo y mal bebiendo, en fin, mal al fin y al cabo. A mi madre, que estaba, con mi abuela y dos tías, al cuidado de cuatro vástagos que éramos, le dio una crisis de ansiedad que en principio se procuró mitigar con buenas palabras y consejos (cada uno decía lo suyo), al fin se complicó y, uno de los habitantes de aquella guarida, Agustín Cumba Badenes practicante, le puso una inyección con lo que consiguió calmarla.

Pasados muchos años aun no he podido aclarar: -“en 1938, en plena guerra civil, dentro de un refugio, careciendo de lo más elemental, en medio de una batalla, donde unos y otros iban y venían, pegando tiros y dejando una y otra vez, muertos por aquí y muertos por allá, ya que fueron muchos los que al entrar por vez primera los Nacionales en Castellón, salieron al grito de “Viva España” – “Viva Franco”, pero al contraatacar las fuerzas Republicanas, no les dio tiempo de esconderse y eran cazados como conejos, siendo la lista de muertos, por ambos bandos, de una cantidad considerable.

Pues bien en esas condiciones me pregunto: “Que caray!, ¿que medicamento tenía el “tío Gostinet” en la jeringa?. La única respuesta que se me ocurre, luego de 72 años es: que solo fuese agua” (y quiero pensar ¿sería al menos del grifo?). En fin por ello no murió mi madre, pues nos dejó en el año 2003, a los 97años de edad”.

Cuando se afianzó la conquista por parte de las fuerzas de Franco, fuimos saliendo con cautela, poco a poco, todos los ocupantes de los refugios con más o menos precaución y recuerdo que unas señoras que comentaban entre si:

-“Jo m'he deixat baix, per si de cas, el saquet amb algun “trasto” i les dos botelles d'aigua. Açò no se sap encara si s'ha acabat”

-“Yo me he dejado abajo, por si acaso, el saquito con algún “trasto” y las dos botellas de agua. Esto no se sabe aún si se ha terminado” y reacciones por el estilo, que delataban los diferentes estados de ánimo que flotaba en el ambiente.

Al día siguiente, en las aceras del Circulo Mercantil, de la calle Gasset, frente a la verja del jardín del Casino Antiguo, se montaron una enorme línea de mesas con manteles blancos, atendidas por señoritas del Auxilio Social, con grandes cantidades de panecillos, y creo recordar que bien chocolate o sardinas de bota (dependía del sector), repartían a la población que formaba larguísimas colas para conseguir alguno de los artículos citados. En el Grao, este reparto se instaló en lo que entonces se llamaba “el camp de la pega” y que no era otro solar (campo de futbol) que el actual grupo José Antonio, ubicado entre Avda. Serrano Lloberes y Avda. Sebastián Elcano, junto al jardín del Puerto.

Sucesos como este se podrían recoger, tantos, como personas fueron testigos de aquellas fechas, y fueron anécdotas vividas por todos y cada uno de nosotros y aunque muy parecidas, seguro que cada una tendría un matiz que las distinguiría una de otra. Lo que pido es que nadie tenga que experimentar “per se” estas vivencias.
Sergio Ferrer.- de "Grao siglo XX"



1937 / 1938 – La artillería de costa

Desde el principio de la guerra civil, Castellón quedó en la zona Republicana, y así quedó, hasta el día 13 de junio de 1938. Pues bien, ya en el mes de mayo la cosa estaba bastante alterada pues los rumores no eran todo lo satisfactorios que se deseaba, a pesar de los carteles, de los titulares de los diarios y todo cuanto pudiese facilitar sensación de, cuanto menos, estabilidad en los frentes.

En el Grao había un destacamento de Artillería de Costa, con base en los nidos de ametralladoras que había alrededor del faro, en la escollera de levante, donde había asimismo un cañón, debía ser, o algo por el estilo, para repeler los ataques aéreos que, procedentes de las islas Baleares, llegaban, y sobrevolaban el Grao, de cuando en cuando, en dirección a Castellón o algo más arriba, allá por la Alcora, Onda o cosa así. Estaba, este destacamento atendido por un oficial, un cabo y varios números de tropa, marciales y aguerridos y dispuestos a……., a pasárselo lo mejor posible con la gente del pueblo, ya que casi todos ellos, naturales y vecinos de la región (en aquella época no se había llegado todavía a la Comunidad, eso sería más tarde), valencianos, y algunos medio parientes por una u otra parte. Su ardor patriótico era como la frase que reza en toda la documentación al reclutar los soldados que decía. “Valor…”, a lo que se escribía a continuación “Se le supone”. Si no lo creen, lean lo que sigue:

Gregorio Matoses, arrocero de Sueca;
Froilán Torres, labrador de Xeraco;
Paquito Millet, estudiante ATS, de Alzira;
Enrique y Alberto Cabanilles, naranjeros de Gandia;
Pepe Falcó, contable de Pedralba, estos eran los nombres y profesiones de algunos de los artilleros que formaban el destacamento que cuidaba de la seguridad ciudadana y que por descontado que así lo hacían, y más si entre la ciudadanía había chicas en edad de merecer, entonces las atenciones se multiplicaban que era un contento.

Tenían estos artilleros su “Ranchería”, su lugar de concentración o su sede social, en la casa del Guardia del Pinar, casa que estaba como se supone, en los comienzos de la pinada, junto a la vía del tren que, saliendo de las cocheras del puerto, llegaba hasta la pedrera de “Les Serretes” que proporcionó toda la piedra para la construcción del puerto.

Aclaro estos detalles para explicar el porqué de uno de los muchos motivos y pormenores del trato que tenían las fuerzas militares con el pueblo, aquellas fechas, aquellas situaciones y aquellos motivos de que tanto, unos como otros, no éramos más cosa que personas.

Aquel verano de 1937, tuvimos una serie de visitas reiteradas de la aviación, que aconsejaron a muchos de los vecinos del Grao, a la caída de la tarde, salir hacia la marjalería para que cada uno se buscase la forma y lugar de pasar la noche en alguna de las muchas alquerías que había, y hoy en día las hay, diseminadas por todo el término municipal, ya que se consideraba y se creía estar más seguras que quedándonos en el casco urbano del Grao. Nosotros, nuestra familia, nos dirigimos a la alquería que “las Serapias” tenían un poco antes de la taberna de “las dos Banderas”, y para llegar hasta ella, al salir del Grao, caminábamos junto a la vía y por ella, después del palmeral, llegábamos al punto de destino, donde ya teníamos previstas las hamacas, “márfegas”, o lo que hubiese para pasar la noche, hasta el alba, que regresábamos al Grao para reanudar las tareas.

Y aquí es donde aparece la figura de los artilleros. La tropa estaba en su cuartelillo en la que fue vivienda del Guardia del pinar, junto a la vía, y precisamente al regreso de la alquería, por la mañana, pasábamos junto a ellos en el momento preciso que estaban en plena tarea del desayuno. Cuando tomábamos la curva que nos llevaba frente a las cocheras, en el puerto, desde ese momento ya percibíamos unos efluvios, “un flaire”, un aroma de café, o quizás de malta, o posiblemente de un sucedáneo, pero de algo que en nuestras casas no teníamos ya que el asunto de la comida estaba, mal, mal, francamente mal. ¡Como serían aquellos “terribles luchadores”, que cuando llegábamos a su altura, ya nos tenían preparadas para los niños, unas rebanadas de pan con vino y azúcar, que nunca he podido olvidar aquellos trozos de pan con que nos hacían las mañanas más dulces!

Se había llegado a un hermanamiento entre unos y otros, entre la gente del Grao y quienes vinieron como artilleros, se había creado un nexo que duraron muchos años las relaciones de buena amistad, no solo con ellos, sino posteriormente con sus mujeres, hijos y hasta nietos, hasta que la vida, por su discurrir inamovible se fue llevando a uno tras otro.

No quiero dejar de reseñar las valerosas actuaciones de los aguerridos artilleros en sus actuaciones contra el “enemigo”. Cuando sonaba la sirena del puerto, anunciando la visita de los aviones contrarios, se ponían a buen recaudo para no tener ningún problema y, cuando los aparatos ya pasabanpor encima del faro, regreso a sus bases, las islas Baleares, entonces, los soldados tomaban posición en sus piezas, soltaban unas ráfagas de ametralladora y tres o cuatro PUM¡, PUM¡ y con gritos de júbilo regresaban a sus puestos.

Años después, apareció Miguel Gila, el humorista que popularizó sus apariciones en escena, con aquella frase que comenzaba con “…oiga., ¿ahí es la guerra?”, siempre me recordó a mis amigos, los artilleros que en vez de municiones manejaban rebanadas de pan con vino y azúcar. Dios los tenga en su gloria.

Como complemento, reproduzco este fragmento de la “Cronología de la playa y el Puerto de Castellón, siglos XIII – XXI”, editada en mi libro “¿Desde cuando en el Grao?”, correspondiente a los años de la guerra civil.-


1937
Abril, 14
Día, del aniversario de la República.
El crucero “Canarias”, a primera hora de la mañana, bombardea el puerto de Vinaroz, con un alto porcentaje de aciertos, mientras el crucero “Baleares” bombardeaba el Grao de Valencia.

1937
Julio, 2
El Grao de Castellón, a media noche, sufre un intenso bombardeo por parte de buques de guerra franquistas.

1937 Octubre
El vapor ruso “ISADORA”, que estaba abarloado en el muelle de costa, con un cargamento de trigo, fue hundido a causa del bombardeo aéreo, que además del hundimiento del buque, causó numerosos destrozos en todo el recinto portuario, tanto en instalaciones como en infraestructuras.

1937
Dicbre, 26
Al amanecer comienza un bombardeo naval sobre Castellón, que tiene una duración poco menos de una hora, continuando esta operación frente a Burriana, de una duración e intensidad similar a la del Grao. Por la tarde, se traslada el bombardeo a Vinaroz, con el objetivo “las fábricas de poca importancia de la plaza”. Asimismo se centra el fuego sobre la plaza de toros, que se incendia lo mismo que una pequeña fábrica adjunta a la misma.

1938 junio,13/14
Las tropas del General Franco entran en Castellón y el Grao, luego de unos movimientos de entrada y retroceso de las tropas combatientes, lo que ocasionó numerosas víctimas en la población civil.

1938
Junio, 24
El crucero “Canarias” se acerca a las islas Columbretes, donde desembarca una patrulla que no encuentra nada más que un torrero, que aun conservaba izada la bandera republicana.

1938
Setbre, 3
La aviación roja bombardea el puerto, donde alcanza en la popa, al minador “Vulcano”, causando cuatro bajas y una veintena de heridos, hundiendo además un remolcador y un petrolero de poco tonelaje.

Sergio Ferrer, 73 años después.-
De mi libro "Grao Siglo XX"